
Cruz Rosales es otra mujer que se dedica a la cría de peligüeyes. Y también ha sido víctima en el pasado de la violencia de género. “Sí sufrí cuando me casé con mi esposo. Él no era bueno. Una vez que pasaron cinco anos y tuve a mi hija él empezó a tomar. Y ya con eso empiezan a quererle pegar a uno. El estuvo así por 16 anos. Entonces por ese tiempo él me quería pegar. Pero como era el papá de mis hijos yo nunca lo abandoné y como sinceramente al bolo nadie lo quiere”...
Pero con el paso del tiempo la vida de Cruz cambió. Uno vez sus hijos empezaron a trabajar su nivel de vida fue mejorando considerablemente. De igual manera el vicio que tenía su padre fue disminuyendo hasta desaparecer. Lo que hizo que su relación con él y con el resto de la familia renovara.
Para poder comprender mejor el proceso de selección y entrega del peliguey a mujeres como Cruz Rosales se entrevistó Simón Pedro Morán, Secretario General de la Asociación Agropecuaria Salvadorena (AGROSAL) quién explica que para elegir una comunidad y entregar el ganado se requiere hacer un sondeo de las condiciones socioeconómicas de la gente. “Lo que hacemos es ver que sus condiciones estén bajo la línea de la pobreza. Gente que no tiene ni gallinas. En base a las condiciones de pobreza es que elegimos a las personas que van a ser beneficiadas con el ganado ovino”.
Este proceso consiste en lo que él llama un “crédito en especies”. Donde se hace la entrega de cinco hembras y un semental. Y al final ellas tienen que regresar cinco hembras, un semental y una cría adicional como parte del interés por el crédito que se les ha otorgado. “Lo que se busca es que sea gente que no tenga nada con que sobrevivir. Porque hay gente que tiene sus dos o tres vacas, su caballo y su gallinero. Es gente que no está bien pero tiene algo, mientras que hay otros que no tienen nada” afirmó.
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